La economía circular está dejando de ser solamente una buena práctica para convertirse en una estrategia prioritaria para los procesos productivos en México. Con la Ley General de Economía Circular, aprobada el 10 de diciembre de 2025, el país avanza hacia un modelo económico más competitivo, que busca reducir residuos, optimizar el uso de recursos y transformar la forma en que se produce y consume.

Sin embargo, más allá de sus implicaciones ambientales, esta iniciativa tiene un impacto directo en el sistema financiero. Para bancos, inversionistas y otros actores del sector, la ley no solo representa nuevos requisitos, sino también un cambio estructural en la manera de evaluar los riesgos y oportunidades de las empresas en el sector industrial al que pertenecen.

La circularidad dentro de las finanzas sostenibles

En México, la economía circular ya forma parte de la Taxonomía Sostenible como uno de sus seis objetivos ambientales. La nueva ley refuerza esta visión al traducirla en lineamientos más concretos para los sectores productivos, lo que facilita su integración para el desarrollo de nuevos productos financieros.

Esto también señala la necesidad de avanzar en el desarrollo de métricas, datos y herramientas que permitan evaluar el grado de circularidad de las actividades económicas, y así fortalecer la toma de decisiones en el sector financiero.

De la regulación al riesgo financiero

La ley plantea elementos clave como la responsabilidad extendida del productor, la valorización de residuos y la transición hacia modelos productivos más eficientes. Esto implica que múltiples industrias, particularmente aquellas intensivas en el uso de recursos o con altos niveles de generación de residuos, enfrentarán nuevos desafíos para cumplir con las exigencias regulatorias.

Para el sector financiero, esto se traduce en riesgos de transición. Los activos vinculados a modelos lineales (extraer–producir–desechar) podrían volverse menos competitivos o incluso enfrentar restricciones regulatorias en el mediano plazo. En este contexto, integrar criterios de economía circular en el relacionamiento con las empresas, en el análisis de crédito y de inversión será cada vez más relevante para una adecuada gestión de riesgos y asignación eficiente de capital.

Nuevas oportunidades de financiamiento

Al mismo tiempo, la ley abre la puerta a una nueva ola de oportunidades. La transición hacia una economía circular requerirá inversiones significativas en infraestructura, innovación tecnológica y nuevos modelos de negocio; con sistemas eficientes de reciclaje y revalorización, hasta soluciones de diseño sostenible y uso de materiales. En este contexto, principios como las 5R, reducir, reutilizar, reciclar, rediseñar y recuperar, ofrecen una hoja de ruta clara sobre dónde se concentrarán estas oportunidades.

Desde modelos de negocio basados en la reutilización y el rediseño de productos, hasta soluciones de reciclaje y recuperación de materiales, la circularidad abre nuevos espacios para canalizar financiamiento hacia actividades que extienden el ciclo de vida de los recursos y reducen la presión sobre los sistemas naturales.

Esto posiciona a la economía circular como un nuevo frente de crecimiento para el financiamiento sostenible. Las instituciones financieras pueden desempeñar un rol clave al canalizar recursos hacia proyectos que no solo cumplan con la regulación, sino que también generen valor económico y ambiental en el largo plazo.

Un cambio estructural en la asignación de capital

La Ley de Economía Circular representa más que un nuevo marco regulatorio: es una señal clara de hacia dónde se dirige el modelo económico. Para el sector financiero, el reto será adaptarse a este cambio, incorporando la circularidad como un elemento central en la evaluación de riesgos, el diseño de productos y la asignación de capital.

En este contexto, la colaboración entre sector público, empresarial y financiero será clave para acelerar la transición y asegurar que los flujos de inversión acompañen la transformación hacia modelos de negocio más resilientes y sostenibles.

Autoría: Ana Paula Cosio
Coordinadora de Comunicación y Redes